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EL JACKIE POT DE HOY

El sector necesita más que nunca una FUNDACIÓN fuerte

 

Es tiempo de reivindicar y poner en valor el prestigio que ha dado al sector la labor de José Ignacio Cases y Germán Gusano al frente de la Fundación Codere. Con una labor tenaz, apasionante y entregada han dado esplendor mediático a una Industria que gracias a sus estudios ha salido de su oscuridad y auto marginalidad. La evolución de la Industria y la percepción social que se tiene de ella mucho tiene que ver con estos estudios de la Fundación Codere, valiosísimos… La Biblia del sector, la referencia de la prensa generalista, de las Administraciones. Estos días hemos sufrido una gran pérdida. El sector se queda huérfano. El sector necesita una Fundación FUERTE, veraz e independiente.

Es de agradecer la gran disponibilidad que despliega el servicio de prensa del Grupo a cargo de Kreab con los medios de comunicación. Rapidísimos en contestar, aunque con no todas las respuestas por dar, …por ahora. Los Estudios seguirán y el Anuario, al menos este año, también. A manos del Profesor Omnipresente quien ultima el último de estos trabajos mientras el Grupo sopesa si hacer una nueva Fundación. Todo está en el aire. Pero resulta paradójico que hace pocos días se sacara pecho por la labor en RSC de Codere mientras deja morir sin aportar otro plan de contingencia uno de los trabajos más dignos que ha edificado al sector.

Todo partió de la capacidad visionaria de José Antonio Martínez Sampedro. La Fundación Codere fue siempre la obra que más apreciaba porque conocía perfectamente que una actividad de riesgo como la nuestra debe confrontarse, respaldarse y atestiguarse con un trabajo fundamental de estudio y solvencia académica. José Antonio Martínez Sampedro dio lustre universitario al sector y le otorgó la solemnidad necesaria que requiere una industria tan determinante para la economía del país.

Pero el mismo que la levantó la ha dejado caer. Difícil tesitura debió ser tener que elegir entre salvar la Fundación dimitiendo de la Presidencia vitalicia y en un acto de generosidad dar vía libre al legado y su continuidad.
Pero es el fin. Otro fin en un año simbólico en el que nada volverá a ser como antes. Caen grandes tótems, pero la responsabilidad del sector crece ante una opinión pública voraz. Más que nunca necesitamos ese manto de prestigio y valor real que otorga una Fundación enérgica y vital. Como la propia industria.
JACQUELINE MECINAS | MADRID


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