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CRÓNICA DESDE MURCIA

Manuel Lao engrandece a la Industria del Juego en la solemne investidura como Doctor Honoris Causa, por Jacqueline Mecinas

 
La mitad del solemne claustro de la Universidad Católica de Murcia estaba ayer ocupado por personalidades de la Industria del Juego en un acto memorable que arropó a la familia de Manuel Lao y a él mismo bajo el oropel académico para mayor gloria del sector.
JACQUELINE M.C. | MADRID

Manuel Lao fue aplaudido por los representantes de la iglesia y académicos en un acto que le consagra y también lo hace por ende a nuestra Industria. Tras la misa que abría el acto hubo una rueda de prensa, bastante corta, en la que sólo se lanzaron tres preguntas, la última la mía: ¿Qué tiene que decir un empresario de la industria del juego de su prestigio a los jóvenes estudiantes? El sonriente Presidente  del Honoris Causa, José Luiz Mendoza, a su lado mutó el gesto, algo airado. Pero Manuel Lao cogió el guante y reivindicó ante micrófonos y cámara los números de la Industria, los que se aportan para el bien y al progreso de todos los españoles vía impuestos.

La ceremonia fue impresionante de boato y excelencia, magistral, con partes cantadas por Milingo. Y con la efigie en cartón piedra del Papa Francisco se dio paso a la investidura en un discurso pronunciado por Manuel Lao salpicado de citas memorables y dirigido, sobre todo, a los estudiantes, emprendedores en ciernes, y a todos los congregados a los que nos despidió con la frase de Martin Luther King: “El mundo está a oscuras, no tanto por el mal que hacen los malos como por el bien que dejan de hacer los buenos. ¡Sean felices! Y recuerden que la felicidad es una cultura”.

La noche anterior llegué a altas horas de la noche al Hotel Rincón de Pepe, previa carrera con un taxista que me habló de Orenes, así porque sí, ejerciendo del todo su faceta de chismoso. Desde la Recepción se oía a Manuel Lao en plena post-cena eufórico y, ante la mirada cómplice y risueña que se cruzaban los empleados del hotel, me fui a dormir pensando que estaban alborotados de pura felicidad en una reunión familiar que seguro será inolvidable.



 




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