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Brillante y clara reflexión de Germán Gusano sobre el Estudio de los menores y el juego elaborado por ALUJER

Hemos pedido desde InfoPlay.info al flamante ganador del Premio a la Personalidad del Juego Responsable, Germán Gusano, Director de la Fundación CODERE, un análisis del estudio alarmante que ha hecho público elaborado la Asociación de Ludópatas Jiennenses En Rehabilitación (ALUJER) de Jaén. En el mismo se concluía que un 1’2% del alumnado en edad escolar dirige sus principales gastos a juegos de azar; el 45% de ellos pasa más de 3 horas usando internet mientras que el año pasado era un 32’4% y que ha aumentado con respecto a años anteriores el uso de redes sociales cuyo uso es del 75%.
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Esta es la atinada y brillante reflexión de Germán Gusano:


El consumo prohibido de diferentes juegos de azar en la adolescencia es preocupante y así lo muestran reiteradamente distintos estudios, caso del realizado por la asociación ALUJER en el entorno de la provincia de Jaén. Como se pone nuevamente de relieve, existe un amplio catálogo de conductas desordenadas o comportamientos negativos entre los mas jóvenes, por supuesto no exclusivos en el juego de azar, que están provocando serias alertas desde hace tiempo en todo el ámbito internacional.

Ante la clara imposibilidad de poder valorar cada uno de los estudios especifícamente realizados, sí puede concluirse que generalmente existe una especie de búsqueda juvenil del riesgo, con el fin de traspasar la frontera adulta antes del tiempo "socialmente" establecido o del límite "legalmente" fijado que parece irrefrenable, tanto por los entornos más familiares o cercanos, como por los poderes públicos y sus correspondientes políticas puestas en marcha en esas líneas de trabajo hasta el momento, salvando algunas posibles excepciones o logros. Búsqueda, alarmante y peligrosa, que también ocurre y se señala, de forma reiterada, en el juego con apuesta económica.

La información, sensibilización y prevención en el ámbito educacional de los más jóvenes se muestra no solamente necesaria sino urgente, para evitar generaciones futuras con conductas negativas fuertemente interiorizadas y hábitos desordenados que afecten a su saludable evolución por haberse realizado de manera anticipada y, entre otras circunstancias adversas, sin los oportunos y esenciales fundamentos emocionales de apoyo.

Deben tenerse en cuenta no sólo los factores de riesgo sociales o comunitarios, también los familiares y los propiamente individuales existentes. Para paliarlos, hay múltiples y variadas técnicas de apoyo o estrategias preventivas. Una de ellas, aún por madurar y consolidarse, es la formacion en inteligencia emocional, fomentando el autocontrol ante los diferentes entornos y situaciones en los que las generaciones más jóvenes se desenvuelven y afrontan diariamente que, por desgracia, se encuentran potenciados casi ilimitadamente por las nuevas tecnologías.

Como está demostrado, en el proceso adictivo el elemento clave es el individuo. Por tanto, el trabajo emocional debe ser un eje esencial preventivo y, en su caso, terapeútico. Las emociones constituyen un instrumento básico para el autocontrol, la gestión relacional y el crecimiento personal. La realidad actual plantea un escenario complejo a los jóvenes y les sitúa ante retos que les generan inseguridades, ansiedad, desconfianza, etcétera. En definitiva, les coloca ante un abanico emocional negativo que no saben identificar claramente y mucho menos poseen unas bases firmes y certeras que les permitan afrontar adecuadamente la gestión individual.

Ante estas múltiples vulnerabilidades, mucho más presentes por las consecuencias negativas del desarrollo y la globalización, es esencial la información, la educación y el refuerzo de las competencias emocionales que les aporten las habilidades y actitudes necesarias para un desarrollo y evolución saludable, permitiéndoles evitar o minimizar todo tipo de acciones y/o consumos prohibidos o, en el caso de los permitidos, su descontrol.

Los individuos deben tener los conocimientos y las herramientas adecuadas para identificar y manejar sus emociones, tanto las positivas como las negativas, de forma que favorezcan el equilibrio para su bienestar personal y también el social.

La necesidad de continuar avanzando en estudios e investigaciones diversas que persigan proteger a los más vulnerables, especialmente a los menores de edad, no es una opción, debe ser una obligación de todos los actores de la industria del juego, teniendo presentes nuevas variables como la inteligencia emocional y valores como el diálogo, la cooperación, la transparencia y la seriedad científico-intelectual. Finalmente, deben ser útiles e implementarse sus conclusiones estratégicas para poder alcanzar realmente esos imperiosos objetivos de sensibilización, prevención y protección, por el bien del interés general y la sostenibilidad del conjunto.