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La entrevista que hay que leer dos veces con Germán Gusano Serrano

 
Hemos repasado con nuestro abogado y politólogo de cabecera la realidad que atraviesa el sector, la políticia del ministro Garzón, y la situación especial en el que la industria se está desenvolviendo donde se presenta también una buena oportunidad para reivindicarse. Aquí va esta deliciosa entrevista con unas respuestas inteligentes, críticas y constructivas de Germán Gusano Serrano.
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¿Cuáles son los lemas que debería enarbolar la industria del juego?

Podría aplicar eso de “no mires el pasado con ira, ni al futuro con miedo, mira a tu alrededor con atención”. Los valores que marcan su esencia son: libertad y responsabilidad. La ilegalidad está atenta a los traspiés normativos y las regulaciones deben ajustarse bien a cada proceso cultural, sin desviarse de esos parámetros. La industria debe reforzar sus argumentos y procurar anticiparse a las normativas, siempre más restrictivas que una medida voluntaria.

Internamente debe primar cualquier lema que refuerce la unidad, la igualdad, la solidaridad y el equilibrio real entre canales, subsectores y empresas. Todo lo que lleva años manifestándose pero que, probablemente, no acaba de plasmarse por los muchos intereses creados. Está sufriendo un desgaste social por la dispersión y no muestra, suficientemente, su realidad y fortaleza. Por tanto, no es adecuado lo de “divide y vencerás”, salvo que pretendan mantenerse las parcelas de poder existentes.



¿La industria tiene derechos y obligaciones? ¿Más que otra? ¿Cuáles serían?

Es más sensible a las connotaciones éticas y morales que otras actividades y son las que más influyen en los reguladores. La RSC y el juego responsable están conquistando las normativas, traspasando la voluntariedad. Suena a tópico pero debe ser transparente, cumplir la normativa y minimizar su problemática: “estar, aportar pero sin molestar”.

Hay que ser conscientes que, como sector “singular”, un drama personal cambia drásticamente la opinión y los argumentos sobre su normalización. Es consustancial pero no es una actividad de supervivencia y, la enfermedad individual, provoca reacciones puntuales muy adversas. Para integrarse sin estridencias y tener elasticidad social, necesita actuar con prudencia activa en su desarrollo, expansión y exposición pública.



¿Cómo valora estos últimos meses desde marzo hasta aquí para la industria?

Está padeciendo su particular “sindemia”, donde varias crisis en el entorno social, político y económico interactúan, causando un daño mayor que su mera suma. Los incombustibles grupos adversos han enredado a los medios de comunicación, ávidos de nuevos conflictos, para impulsar regulaciones populistas, sesgadas ideológicamente. Lamentablemente, la crisis sanitaria está acentuando todos esos perjuicios e incluso los prejuicios ya existentes sobre ella. Una tormenta perfecta, con fuertes bandazos al juego, complicada de superar a corto plazo.



¿Qué opinión le merecen los primeros meses de Alberto Garzón al mando del juego online?

Hay que reconocer su astucia al posicionarse en el inicio de la legislatura y su actual insistencia en las pocas competencias de su forzada cartera ministerial. Políticamente, está cumpliendo sus funciones, no tiene margen para despistarse del acuerdo de coalición firmado.

La evolución tecnológica ha alterado las formas de relacionarnos. El riesgo y el placer se entrelazan en las nuevas generaciones. Diariamente es posible arriesgar y obtener alguna recompensa. En los más jóvenes, no necesariamente menores, se manifiesta reiteradamente ese deseo para su satisfacción, ya sea legal o ilegalmente y, el juego online, es una opción más para experimentar. Los controles e inspecciones muestran que la industria cumple, en general y de forma amplia, sus obligaciones. El principal culpable de un mal uso es la dopamina, la “hormona de la felicidad” que puede originar adictos, por un desajuste químico, en muchas actividades y a cualquier edad.

La magnitud del problema, demanda una solución política en cascada, por ejemplo, más control de internet, reforzar la educación en valores o mejorar las políticas sobre empleabilidad de la juventud. Parece que socialmente se relativiza y no se cuestiona tanto la facilidad del acceso de menores a pornografía, a bebidas alcohólicas, al contenido de ciertos videojuegos, a sustancias prohibidas, a comida ultra procesada... Puede que todos esos fallos del sistema se vayan concatenando e incrementen esas personalidades, basadas en riesgo y placer.
Desde el ministerio, tampoco dan importancia a la diversidad y publicidad de los juegos públicos ni a su distribución en supermercados, estancos, gasolineras o por la misma vía pública sin control, continuamente expuestos a esos grupos vulnerables que tanto mencionan y pretenden proteger.



¿Por qué piensa que dio marcha atrás en la regulación de la publicidad de la ONCE y SELAE? A principios de febrero adelantó sus intenciones y éstas cambiaron radicalmente a las pocas semanas.

Claramente la política desde fuera es una cosa y, desde dentro, otra muy distinta. Observamos a diario que lo criticado antes se convierte en aplaudido después y viceversa. Creo que su inexperiencia inicial le jugó una mala pasada. SELAE y ONCE, además de su tinte público, han tejido socialmente redes muy importantes que les refuerzan aún más. En algún momento, esos operadores se lo hicieron saber y, rápidamente, recondujo su postura inicial.

Desde su visión ideológica, el juego que proviene directamente del Estado se considera mejor que el resto de opciones de entretenimiento. Ha atendido mucho a los críticos, centrados en maquinaciones o fraudes irreales. Respecto a su defensa, la industria privada no ha alcanzado la madurez ni los apoyos sociales de esos operadores y parece que no los va a conseguir a corto plazo.



¿Por qué el juego privado no consigue equipararse a esos operadores?

El juego es como la sal en la comida, su objetivo es entretener y aportar sabor al ánimo. Moralmente, sea privado o público, no es bueno ni malo, se juzga dependiendo de las circunstancias que lo acompañen. Si, por ejemplo, una ideología o una religión no convencen a la totalidad, tampoco lo va a conseguir el juego, pero se pueden reducir las críticas con argumentos.

El verdadero problema son los fanatismos. Se puede no estar de acuerdo, pero hay que ser tolerante con las preferencias personales sin maniatar la libertad ni la autonomía. Las desviaciones enfermizas no corresponden lanzarlas contra la actividad del juego, ya que derivan de un complejo proceso biológico y social de cada individuo. Es fácil hacerlo para algunos, pero los problemas complejos no tienen soluciones simples y nunca las van a tener.

Se percibe cierto acomodo y me cuestiono si es que, a algunos, realmente no les interesa avanzar ni modificar el statu quo. Echo en falta estudios más específicos en políticas públicas, economía, psiquiatría, psicología, antropología o filosofía moral impulsados por la industria privada. Necesita madurar su propio método “Kondo” para organizar una defensa sólida, reconocida y eficaz.



Ha estado vinculado durante años a su defensa, integración e investigación. Recientemente se ha presentado el estudio anual “Juego y Sociedad” y, en breve, lo hará el “Anuario del Juego”. ¿Cuál es su opinión sobre esos estudios?

A pesar del plus de transparencia que se le exige, se observan bailes de cifras en documentos y en webs. O, mismas cifras no coinciden con las recogidas para esos años en los estudios, propios o heredados. Cualquier periodista puede despistarse fácilmente si encuentra datos no coincidentes.

Como crítica constructiva, los datos deberían ser iguales en cualquier soporte o publicación del sector, no simplemente parecidos, la imagen y la reputación se resienten. Hay errores que se arrastran y la función editora claramente no es la óptima. Sin conocer la realidad del juego o no aplicando el trabajo suficiente, es complicado observar los fallos y menos coordinarlos.

Es obvio que el autor principal no puede solventarlo directamente, por su polivalencia y diversificación profesional. Como empleado público del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), sabe la importancia de ajustar los análisis para minimizar críticas y, más si cabe, realizados por una consultoría, privada y generalista, como es la suya. No es válido únicamente que aparezca un editor o, curiosamente, varios como ocurre en esos estudios, sin saber quién es el verdadero responsable en su revisión y coordinación.



¿Qué podría hacer el sector para mejorar en estos aspectos?

La investigación no puede derivar de un lobby empresarial. Además, esos datos sufren variaciones a lo largo y ancho de la industria, una y otra vez. Existen alternativas más asépticas y multidisciplinares para mostrar las aristas del juego. Hay que desvincular análisis y lobbies para alcanzar mayor reconocimiento y objetividad, evitando que se cuestione continuamente. Reorganizar e innovar en los estudios, ampliar expertos y disciplinas, así como afrontar importantes aspectos que no se están analizando. Carencias y necesidades que está sufriendo el sector privado al no tener las suficientes redes de apoyo en la sociedad ni mostrar esa madurez analítica.

Por poner un ejemplo, reproducir anualmente las buenas memorias públicas no aporta novedades significativas y, actualmente, es secundario. Solamente interesan sus grandes cifras. Se emplean muchos recursos en cuestiones colaterales. La evolución y las crisis demandan tanta creatividad como eficiencia. También alguna publicación podría ser bianual, al no sufrir sus resultados cambios significativos y afrontar otras materias no investigadas con esos recursos.

Los esfuerzos deberían centrarse en estructurar una colaboración público-privada multilateral con visos de continuidad, en un entorno de análisis y defensa social del juego, no exclusivamente de intereses empresariales que, precisamente, son los que impiden reforzar los acuerdos de grupo, aunque indirectamente se defenderían. Con contribuciones voluntarias privadas y con posibilidades de acceso a subvenciones públicas para proyectos especiales y programas de juego responsable. Esos son los pequeños detalles que, aunque parecen no tener relevancia, la tienen y mucha a nivel de reconocimiento y reputación. Las patronales no representan ni defienden lo mismo que otras entidades sin ánimo de lucro, ni a nivel social ni político.

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