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GERMÁN GUSANO SERRANO escribe para nuestros lectores EN EXCLUSIVA

Ciudadano Alberto Garzón: ¿Por qué?

 
Hoy tenemos el honor de compartir con ustedes este magnífico artículo que nuestro polítologo y abogado de cabecera ha escrito para nuestros lectores.

Utlizando la famosa locución del propio Alberto Garzón, 'Ciudadano Borbón', Germán Gusano Serrano articula un escrito que reprocha la ideologización de sus medidas y cuestiona planteamientos contradictorios que le enfrentan a otras de sus competencias.

LEAN Ciudadano Alberto Garzón: ¿Por qué?

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Ciudadano Alberto Garzón: ¿Por qué?


¿Por qué? es una pregunta que los hijos hacen continuamente a sus padres y éstos siempre pueden ir más allá del consabido "porque sí" aportando respuestas más adecuadas. Como ciudadano adulto, hay infinidad de cuestiones pendientes para satisfacer nuestra curiosidad e interés en el porqué de determinadas decisiones del paternalista Estado.

Los distintos gobiernos están gestionando la crisis sanitaria con dubitativas explicaciones sobre sus acciones. No se acaban de conceder las necesarias ayudas socioeconómicas y algunos, además, aprovechan malintencionadamente la coyuntura para morder en la yugular de ciertos sectores con claras intenciones de seccionar el futuro de negocios y familias trabajadoras, por el simple aroma a ocio que desprenden, caso de la hostelería o el juego de azar privado.

Pero, ¿por qué atacan a unos entornos y son tan permisivos con otros? El principal motivo es la animadversión ideológica y la presión de grupos afines. Siempre existirán opiniones diversas, a favor y en contra de un bien, servicio o producto.

Como un referente de esta desigualdad, el Ministerio de Consumo anuncia que aprobará un Plan integral de Consumo Saludable respondiendo a la "enorme preocupación" por el incremento de los malos hábitos alimentarios, especialmente, entre los más jóvenes. Por ejemplo, implantando un sistema de etiquetado frontal (tipo “semáforo” o similar) sobre la calidad nutricional y aumentar la fiscalidad en los productos menos saludables.

Argumentan que la obesidad y el sobrepeso, enfermedades derivadas de una mala alimentación, reducen hasta 10 años la esperanza de vida y provocan un gasto sanitario de hasta el 7%. El modelo adoptará diferentes límites para ciertos constituyentes o aditivos (azúcares, grasas totales, grasas saturadas, sodio, fibras alimentarias…) conforme a la categoría del alimento.

Asimismo, se tomarán medidas relacionadas con la fiscalidad, con el fin de incentivar el consumo de productos saludables y, por tanto, desincentivar el de aquellos "con cierta nocividad" para la salud y evitar las "externalizaciones negativas". Otros de los ejes será la regulación de la publicidad dirigida a los menores y la puesta en marcha de campañas de formación e información para que los ciudadanos sean "conscientes" de los riesgos y costes que tiene consumir productos no saludables.

Defienden que ese tipo de etiquetado “ayuda en la toma de decisiones” y a elegir alimentos más sanos incorporando la información nutricional. Centrémonos en el verbo “ayudar” y en las declaraciones del ciudadano Alberto Garzón sobre dejar “libertad” de elección al consumidor una vez implementado el modelo informativo.

Todo lo que anuncia en información y que me he permitido reproducir basándome en fuentes de “laSexta”, es loable e incluso lo apoyo en su totalidad sin conocer aún los detalles, especialmente fiscales, sin embargo, no puedo controlar que me asalten algunos “porqués”:
  1.  ¿por qué se permiten esos edulcorantes o aditivos tan perjudiciales para la salud?;
  2.  ¿por qué no se respeta igualmente la libertad y se defiende la responsabilidad individual informada en el consumo de juego?;
  3.  ¿por qué no se establecen amplias distancias entre establecimientos de alimentación que venden esos productos o, directamente, prohíben su venta al público?;
  4. ¿por qué no se controla e impide el acceso a los mismos de los menores y de grupos vulnerables por razones de salud?;
  5.  ¿por qué no existe un Registro oficial de ciudadanos con problemas graves de salud que no deban adquirirlos por nocivos o, incluso, se exige su historial clínico en la compra diaria?;
  6. ¿por qué las oportunas advertencias son en letra tan diminuta e ininteligible?;
  7. ¿por qué no se prohíben los patrocinios o las ofertas de esos alimentos o con componentes no saludables?;
  8. ¿por qué no se criminaliza a los establecimientos que venden esos productos y se menosprecia socialmente a sus trabajadores como sí ocurre en el sector del juego privado?;
  9.  ¿por qué no se ataca de raíz la inmensa mortalidad que provoca el consumo de ese tipo de productos y, sin embargo, si se ceban en índices mínimos de juego problemático?;
  10.  ¿por qué el sistema de advertencias y similares etiquetas no sirven igualmente para otros sectores, simplemente informando la concreta elección?;
  11. ¿por qué la “consciencia” es distinta en alimentación que en juego de azar?;
  12.  ¿por qué no se valoran y comparan las externalizaciones negativas, así como el conjunto de recursos y medidas restrictivas que se aplican proporcionalmente a cada uno de ellos?;
  13.  ¿por qué se enreda a la opinión pública, incrementando o disminuyendo la atención, conforme a los intereses políticos y sesgos ideológicos dominantes, alterando los verdaderos datos y realidad?;
  14. ¿por qué no se limita a ciertas horas intempestivas –o se prohíbe encubiertamente- la publicidad de alimentos con componentes no saludables? o,
  15. ¿por qué no existe un Plan Integral de Juego Responsable similar, coordinado con las comunidades autónomas, respetando la decisión final del consumidor sin demonizar ni culpabilizar al sector privado?
Me he permitido expresar una serie de cuestiones y exageraciones –o puede que no- respecto al sector de la alimentación, su integración social y su permisividad pública a pesar la peligrosidad real, científicamente unánime, que presentan.

En definitiva, parte del entretenimiento adulto (+18) se encuentra en estado crítico por las exageraciones y el desconocimiento de algunos, así como por respuestas desiguales. Los ciudadanos seguimos sin distinguir y sin aplicar lo aprendido en política ante semejantes despropósitos: “hace tiempo que la verdad no existe, la verdad se fabrica y hay auténticos maestros en manufacturarla como mejor convenga” (Carmen Posadas en Pequeñas Infamias, XLSemanal, ABC).

Germán Gusano Serrano
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