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IMPRESCINDIBLE!
Una reflexión serena sobre el Juego Responsable firmado por David Malmierca

 
David Malmierca Gómez publica hoy en INFOPLAY una profunda reflexión sobre el juego responsable. El que fuera Director de operaciones de FEMARE y de la Operadora de Juego Punto Zero desgrana la realidad del empresario con su cliente, la fidelidad que se va ganando con el tiempo sólo gracias al respeto mutuo. Es imprescindible su lectura. Verdaderamente, estamos rodeados de profesionales muy valiosos en nuestra industria. Y estamos ante otro ejemplo de lucidez.
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JUEGO RESPONSABLE

Empezaré diciendo que me tomo muy en serio la Responsabilidad Social Corporativa, y más en concreto los efectos perniciosos que cualquier actividad puede acarrear a la sociedad. Seguramente, a lo largo del artículo surgirán preguntas y dudas que pretenden despertar aquellas mentes que quieran saber mejor la realidad de la situación del juego en España. No pretendo banalizar problemas serios que cierto porcentaje de personas tienen en la sociedad. Repito, es un tema muy serio, y ya es hora de que se empiece a actuar.

Once años de experiencia en el sector del juego, más concretamente en el entorno de salones de juego, apuestas deportivas y máquinas en calle, desde el año 2009, en plena crisis económica; si, también para el sector del juego. Otros modelos de negocio son los que atraen a personas en crisis con la ilusión de salir de esa situación precaria, no una máquina recreativa, donde a la fecha señalada, el máximo premio era de 1.000€. No voy a entrar en detalle sobre la disminución del sector en aquellos años, ni siquiera en el boom de apertura de negocios iniciada hacia el año 2014. Ni tan siquiera en la recién llegada modalidad de apuestas deportivas y el descrédito e histeria colectiva que ha acarreado. Es un sector económico y como cualquier otro tiene una autorregulación, oferta- demanda.

Donde quiero poner el foco es en donde hay que ponerlo, en aquellas personas que debido al juego tienen un serio problema, económico, familiar, personal. En esas personas que sufren una enfermedad, de las que parece que el gobierno se olvida. Y si, habéis leído bien, se olvida. Se habla de implementación de controles de entrada y prohibición de menores. De limitar las distancias a colegios y el número de centros. Todas dichas medidas ya estaban implementadas en casi la totalidad de la geografía española. Los menores siempre han estado prohibidos, por lo menos desde que tengo uso de razón. En el año 2009, cuando me inicié en el sector, en Andalucía, ya existía un control de entrada de personas excluidas, un mínimo de distancia entre locales de juego, a colegios y centros de menores. Aunque nunca he entendido que diferencia hay entre tener un local de juego a 100 metros de un colegio a que ese mismo menor lo tenga debajo de su casa.

Condeno a aquellos que han sido laxos en algún momento con el control de menores; aunque desde mi experiencia ha sido algo anecdótico, ya que todos los profesionales con los que he tenido contacto desde mis inicios han estado siempre concienciados al respecto. Tampoco entiendo como un menor de 18 años, o mayor, que no sea asalariado, puede disponer de capital suficiente para realizar apuestas y juegos de azar. Siempre obviamos lo más lógico y razonable; la educación. En los colegios, en la familia, en la sociedad.

El posicionamiento político, lleno de falacias y demagogias, sólo pretende ganar puntos electoralistas, obviando de lleno la búsqueda de soluciones para aquellas personas en una situación vulnerable. Ninguna de las medidas, ninguna, hace mención o tienen como objetivo detectar aquellas personas que sí tienen un problema. Ninguna va en favor de poner fin a su sufrimiento. Sin embargo, si se trata a todos nuestros clientes como si fueran unos enfermos, y a todos los empresarios como a unos demonizadores, que tientan y engañan para conseguir más dinero y más “enganchados”.

Más de 10 años como profesional y responsable de establecimientos, en los que siempre, se ha cumplido la normativa vigente, un férreo control de prohibición a menores, y de control de entrada para personas sensibles que pertenecieran a las listas de prohibidos. Nunca en mis años de gestión, he implantado una medida para que mi cliente juegue más dinero. Todas han ido encaminadas a ofrecer un producto acorde con sus gustos, a que su ocio en mis salas cumpliera con sus requisitos. Comodidad y atención al cliente; medidas que se implementan en cualquier sector y más concretamente en retail. No se ponen los productos que se quiere vender al alcance de los ojos y los baratos en las estanterías de arriba o abajo, no se colocan los dulces en la caja para que el hambre apremiante te haga comprar un producto apetecible en el momento, ni se hace llegar a la calle el olor a pan fresco. Es más, en juego impera la responsabilidad y la transparencia. El producto es el que es. Si no cumples, ningún cliente se fiará de ti y el negocio estará muerto.

¿Quién puede dictaminar si el gasto realizado es adecuado o no ? ¿Es adecuado un gasto mensual de 400€ en tabaco, o 300€ en alcohol los fines de semana? ¿Realizar una salida a la semana con la pareja a cenar y tener un gasto mensual de 200€, es reprochable? e ¿irse al teatro y abonar 100€ por entrada? ¿Es un problema la cantidad de dinero que se destina a un tipo de Ocio, o el problema es no tener un control sobre lo que se gasta y ser incapaz de dejar de hacer esa actividad? Los jóvenes no dejan de beber porque en las gasolineras no se venda alcohol después de las 22h. Las personas no se vuelven alcohólicas porque haya más puntos de venta, ni dejan de beber porque haya menos bares. Simplemente eligen uno de entre los que hay.

Cuando se quiere solucionar un problema lo más lógico es ir a la raíz. y ésta, no es prohibir el juego, y limitar la libertad de las personas para destinar su tiempo y dinero en el ocio que consideren adecuados. Estaremos de acuerdo en que como sociedad si debemos limitar o prohibir actividades que violen las libertades de las personas y de aquellos colectivos vulnerables. Pero la incertidumbre en el límite, sobre qué se debe o no prohibir, no debe ser usado para manipular a la sociedad. Muchos argumentan que el juego quebranta la libertad de un colectivo vulnerable, pero hay que distinguir entre colectivo e individuos. Se cifra en un 1% de la población, aquella que presenta trastornos con el juego. ¿Debemos prohibir al 99% restante el juego? Está claro que un 1% es una cifra baja, aunque traducido a números absolutos, 400.000 personas, adquiere un cariz diferente. No prohibir el juego al resto de la población, no significa que no debamos hacer nada con esas personas vulnerables.

Sánchez Mazarro aclara que «es más probable que las adicciones aparezcan en quienes tienen déficit en habilidades de autocontrol y afrontamiento del estrés, baja tolerancia a la frustración y a las emociones negativas e impulsividad». Por lo que parece claro que una incidencia temprana en la educación, orientada a paliar esas deficiencias, mejorarían adecuadamente el comportamiento de las personas ante el juego; y en realidad muchos otros aspectos de la vida. Educación que siempre he defendido como necesaria en nuestro sistema educativo. (y aunque interesante eso nos llevaría a otro debate).

El segundo grupo de medidas a implementar debería ir encaminado a detectar a aquellas personas que presenten en la actualidad un problema de ludopatía. No podemos dejar a las familias o individuos solos para detectar y solventar el problema. Estamos de acuerdo en que es un tema serio, tanto como el alcoholismo, la drogodependencia, cleptomanía, compra compulsiva, y demás trastornos que merman la libertad del individuo, arruina y desestructura familias. El gobierno sí está en la obligación de buscar medidas que ayuden en su detección.

Y por último, generar los medios necesarios para que dichas personas, no sólo no puedan ejercer la actividad que les provoca el desequilibrio, sino aquellos que sean necesarios para que pueda librarse del trastorno.

Cualquier grupo de medidas que no vaya orientado a educar, detectar y corregir el comportamiento nocivo, es un grupo de medidas demagógico que sólo busca quedar bien ante un electorado preocupado, mientras por detrás se pone la mano para recoger los tributos que genera la actividad. Pero mientras se persiga y se estigmatice el juego, la sociedad cerrará los ojos, prohibirá pero no educará, en una responsabilidad de uso. Aceptar que el juego es una parte de nuestra sociedad es aceptar que hay que educar en el mismo.

David Malmierca Gómez
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