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GERMÁN GUSANO SERRANO, hoy en EXCLUSIVA
Una reflexión sobre la necesidad de regular en base al conocimiento científco

 
Es un privilegio ofrecerles este artículo exclusivo de nuestro siempre apreciado abogado y politólogo Germán Gusano Serrano. Hoy resalta la necesidad de regular en base al conocimientos y las evidencias científicas. "La evidencia debería ser cada vez más importante para decidir, plantear e implementar una política pública. La idea de que el conocimiento y el quehacer público deben ir unidos hace que el diseño pueda mejorarse cuando se torna científico".


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La “invidencia” científica


La evidencia debería ser cada vez más importante para decidir, plantear e implementar una política pública. La idea de que el conocimiento y el quehacer público deben ir unidos hace que el diseño pueda mejorarse cuando se torna científico.

Los reguladores modernos deberían estar preparados y dispuestos para abordar las oportunas reformas desde enfoques experimentales que permitan ensayar programas nuevos que afronten problemas específicos, saber su efectividad y así replicar, modificar o desechar los mismos para el conjunto de la población. En esa búsqueda de eficacia y eficiencia debe primar el interés general, pero sin menospreciar el sentido común al regular sectores sociales controvertidos donde parece que principios básicos como la coherencia, la prudencia o la sensatez están en peligro de extinción.

El Diccionario de la RAE define evidenciar como “hacer patente y manifiesta la certeza de algo; probar y mostrar que no solo es cierto, sino claro”. Por tanto, disponibilidad y validez son cuestiones críticas. En el caso del Juego, se produce una segregación interesada de las claras evidencias, contribuyendo a la pérdida de legitimidad del conocimiento generado debido a una prostitución de sus resultados.

Las denominadas políticas basadas en evidencia (PBE) pueden presentarse robustas, pero entre sus principales riesgos están los sesgos ideológicos y la expansión de regulaciones miméticas sin ánimo de profundizar en el conocimiento, eludiendo desviarse de la tendencia políticonormativa. Se observa una fractura social, creada y amplificada interesadamente.

Campbell (The Experimenting Society) indica que un método colaborativo debe implicar –no sólo en la teoría- a las distintas partes interesadas, utilizar la experimentación y la toma de datos como guías para decidir. Lo esencial es comprender la causalidad del comportamiento humano y cómo gestionar los conflictos sociales, evitando las simplezas.

La Nueva Gestión Pública, idealmente y con objetivos modernizadores, ya priorizaba la racionalidad sobre la ideología y la experiencia personal. Lamentablemente, se retoman los debates ante el continuo desconcierto actual. Existen múltiples recursos que ayudan a manejar los sistemas sociales cada vez más complejos. Esa es la teoría: una sólida base científica incrementa las posibilidades de mejorar los problemas colectivos de cara al futuro.

Siguiendo esta retórica, las políticas públicas deben orientarse a satisfacer las oportunas necesidades y expectativas ciudadanas, pero con la exigencia de rendir cuentas y las responsabilidades pertinentes. Por tanto, es fundamental que seamos conscientes de los motivos que respaldan las decisiones de los gobiernos y sus impactos socioeconómicos.

En su caso, las PBE facilitarían cierto grado de predictibilidad y de planificación en las acciones de gobierno. Si bien, no siempre surgen de un marco conceptual de racionalidad pura, ya sea por no barajar todas las variables intervinientes o por una actuación infiel ante las certezas resultantes. Así, la generación de evidencias por parte de expertos es un componente que puede retroalimentar el sistema, sin embargo, el pilar fundamental es otro: la idea de Estado.

En la práctica se observa el vínculo entre el uso de la información científica, los procesos de decisión y la implementación. Esencialmente, la literatura especializada distingue entre políticas: (i) que, directamente, ignoran o no aplican las evidencias, y (ii) las que reflejan cierto grado influencia, pero no están completamente modeladas por ellas. Sin embargo, también existen aquellas que seleccionan las relaciones causales entre los propósitos ideológicamente buscados, los resultados y las opciones de acción, marginando aquello que se desvía del camino inicialmente previsto. Eso ocurre con las conclusiones de los diversos estudios sobre la incidencia social de los juegos, públicos y semipúblicos, tanto en participación, en accesibilidad y disponibilidad, como en el posible despertar de un juego problemático en grupos vulnerables.

Por un lado, esta “ceguera” provoca una pérdida del sentido de la vista al regular el sector ya que, a todo lo negativo que deriva de parcelas públicas, se le otorga indulgencia regulatoria. Y, por otro, se fabula respecto a los supuestos impactos negativos del juego privado, especialmente en el presencial, obviando malintencionadamente las claras evidencias positivas en cuanto a su cumplimiento normativo, los resultados de su control y su compromiso con la responsabilidad social. Sin considerar esas realidades, se continúan plasmando límites y distancias variopintas, sin base científica alguna, basándose posiblemente en estudios inéditos sobre la -mayor o menor- vaguería de sus ciudadanos y, por tanto, en su pérdida de interés para satisfacer sus querencias lúdicas ante la lejanía física.

Parece que existen programas ideológicos y sabidurías endebles que trivializan aspectos como la libertad, la educación preventiva o la precaria salud mental de la sociedad. Actualmente y tras más de 40 años desde su autorización, se agrava públicamente la presbicia por ideologías trasnochadas, impactando directamente en la regulación y en las entrañas sectoriales. Una solución óptima pasa por ajustar la graduación, asegurando una mejor calidad visual o, directamente, la cirugía.

Germán Gusano Serrano
18+ | Juegoseguro.es – Jugarbien.es

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