I FORO CEJUEGO | MARCOS GUTIÉRREZ BENITO, REPRESENTANTE DE CCOO
Marcos Gutiérrez reclama carrera profesional y alerta de que el sector puede perder talento
El representante de CCOO puso a los trabajadores en el centro del I Foro CeJuego y pidió estabilidad, formación, reconocimiento profesional y un marco laboral mejor adaptado a las particularidades de la industria.
Marcos Gutiérrez Benito puso voz en el I Foro CeJuego a una parte de la industria que, según destacó, aparece con mucha menos frecuencia en el debate público: los trabajadores.
Su intervención se centró especialmente en el juego privado presencial y en las aproximadamente 40.000 personas que trabajan directamente en el sector.
Gutiérrez explicó que las demandas de las plantillas comienzan por cuestiones comunes a cualquier trabajador —buenas condiciones y estabilidad laboral—, pero añadió una necesidad particularmente importante: construir una verdadera carrera profesional dentro de la industria.
Esto pasa, a su juicio, por desarrollar formación vinculada a la progresión profesional y por contar con un marco laboral capaz de reconocer las peculiaridades de esta actividad.
También alertó sobre una pérdida progresiva de prestigio social asociada a trabajar en el juego.
“Hay una sensación de que se está desprestigiando el ser trabajador o trabajadora del sector”, explicó.
Ese deterioro, unido a la falta de perspectivas profesionales, puede convertirse en un problema de pérdida de talento.
Gutiérrez reclamó asimismo un marco de relaciones laborales más homogéneo, ya que actualmente las condiciones pueden variar considerablemente dependiendo del territorio y del convenio aplicado.
En el debate sobre juego público y privado defendió una regulación que busque un mayor equilibrio entre ambos modelos y reclamó también un tratamiento fiscal más igualitario.
De cara a cualquier futura reforma de la Ley del Juego condensó su propuesta en tres conceptos:
“Diálogo, consenso y acuerdo”.
Su planteamiento pasa por crear o reforzar órganos de consulta donde participen reguladores, empresas, trabajadores, actividades relacionadas y asociaciones de personas con problemas de juego, de forma que las normas no se elaboren sin escuchar a quienes posteriormente tendrán que aplicarlas o convivir con ellas.