Los medios financieros, aprovechando que el
Bitcoin ha roto la barrera de los 2.300 USD, están recordando los episodios más curiosos en los inicios del Bitcoin cómo criptomoneda. Por ejemplo, cuando el 22 de mayo de 2010, el ya célebre
Laszlo Hanyecz pedía a un compañero en un foro sobre bitcoins aceptar 10.000 monedas virtuales por dos pizzas de Papa John's. Entonces,
Hanyecz creía que las monedas que había minado en su computadora valían alrededor de 0,003 céntimos cada una... Hoy esa operación se podría haber cerrado por 23 millones de dólares o por unos 2,3 millones de pizzas...
Anécdotas cómo ésta aparte, también se está comparando el valor del Bitcoin con el de metales preciosos, recordando que por ejemplo el oro nunca ha llegado a superar los 1920 dólares en sus mejores momentos (la onza de oro).
Es decir, estamos asistiendo a un sinfín de comparaciones y ejemplos que ilustran la enorme fortaleza que sigue demostrando el Bitcoin, al que incluso muchos expertos ponen superando los 3.000 USD en muy corto plazo...
Pero nosotros estamos obligados a aprovechar la coyuntura para plantearnos qué hubiera pasado si el
Bitcoin se hubiera generalizado cómo método de pago habitual en el juego online. Y la verdad es que la respuesta que encontramos no es demasiado alentadora. Y es que una divisa volátil, o que en este caso sufre cambios tan bruscos en cortos periodos de tiempo suele considerarse una amenaza y un inconveniente para los operadores. Repasando lo sucedido en el mercado colombiano -actualmente en proceso de regulación-, la fuerte devaluación del peso colombiano (en 2014 se podían comprar 2000 pesos colombianos con un dólar y ahora prácticamente 3.000) ha provocado no solo un impacto negativo en los resultados financieros de los operadores sino un menor interés de éstos por entrar en este mercado regulado.
Si bien es cierto que el
Bitcoin muestra una tendencia positiva, cualquier factor externo -como la propia cotización- es considerado una amenaza para el sector, que se ha demostrado muy sensible a esta clase de factors. Ya que además de un
aumento de las comisiones por parte de los intermediarios que facilitan los ingresos y los pagos a los operadores (para evitar las posibles fluctuaciones en el valor de la moneda mientras se gestionan las transacciones), también se ha demostrado que los j
ugadores limitan de forma muy clara la cantidad de dinero apostado, al tener la sensación que su dinero puede depreciarse y perder las potenciales ganancias en el proceso que va desde el ingreso hasta el retiro, prefiriendo
reducir al máximo el tiempo en el que tienen el dinero depositado en el operador y optando por
reducir al máximo el saldo disponible en éstos.
No es difícil anticipar qué estaría pasando en mercados regulados como el español con un Bitcoin liderando cómo método de pago los ingresos y retiros en los distintos operadores, pero lo cierto es que en general, estamos ante una realidad -el uso de métodos de pago que aún mantienen un importante componente especulativo- que no sería demasiado positiva para el sector.
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