La ONCE se ha vuelto envuelta en una severa polémica recientemente con el descubrimiento del cadáver de uno de sus vendedores, Miguel Rodríguez Garzón, dentro de su quiosco tras llevar once días fallecido.
El trabajador de la ONG, de apenas 28 años de edad, falleció, según la autopsia en la mañana del 26 de octubre por un edema cerebral. Un día antes, sus familiares ya habían reportado su desaparición, sin embargo, su cuerpo no fue hallado hasta once días después, el 5 de noviembre por el personal de limpieza.
Al encontrarse las persianas del quiosco bajadas, nadie se percató de la situación, a pesar de estar situado este, en una transitada calle del distrito madrileño de Chamberí.
Ante esta triste noticia, tanto Comisiones Obreras como CSIF han mostrado su absoluta indignación por lo sucedido ya que alegan que ha existido una grave negligencia.
De acuerdo a un portavoz de ONCE, el coordinador de la zona, alertado por sus familiares, acudió al quiosco, pero no observó nada extraño. A pesar de ello, no se percató de lo ocurrido en su interior ya que, según afirman los sindicatos, la sede central había extraviado la llave, aunque claro está, se podía haber forzado la cerradura o utilizado la del personal de limpieza que posteriormente fue la que permitió encontrar el cadáver.
Para más inri, según Inocencio Rial, asesor de la sección de CCOO en la ONCE, la organización no dudó en restarle al vendedor los cuatro días de la nómina en los que estuvo desaparecido, “se dieron más prisa en descontárselos, imputándole abandono que en abrir la puerta del quiosco” se lamentaba.
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