El presidente de la Confederación de Empresarios del Juego del Bingo (CEJ) defendió que el bingo tradicional sigue sin recuperar plenamente los niveles previos a 2019 y reclamó una fiscalidad más equilibrada para sostener inversión, empleo y rentabilidad en las salas.
En su intervención en EXPOJOC, Fernando Henar puso el foco en una idea central: el futuro del bingo presencial no puede analizarse solo desde la evolución del producto o desde la incorporación de nuevas modalidades, sino también desde el impacto que tiene la fiscalidad sobre la viabilidad real de la actividad. Su exposición vinculó de forma directa la estructura impositiva con la capacidad del sector para competir, modernizarse y mantener abiertos sus establecimientos.
Henar explicó que el bingo tradicional sigue moviéndose todavía por debajo de los niveles de 2019 y advirtió de que, si a esa comparación se le incorpora el efecto de la inflación y el aumento de costes, la distancia real sería aún mayor. A su juicio, el sector ha logrado sostener parte de sus ingresos gracias a la evolución de nuevas modalidades presenciales y a la incorporación de producto en red dentro de las salas, pero insistió en que esa mejora no debe ocultar la fragilidad que todavía arrastra el negocio principal.
Uno de los puntos más contundentes de su ponencia fue el repaso a la serie histórica de la presión fiscal soportada por el bingo. Henar recordó que en 2007 el tipo medio sobre el win alcanzaba el 63,7%, una cifra que quiso subrayar expresamente para evidenciar hasta qué punto el subsector ha trabajado durante años bajo una carga tributaria extraordinariamente elevada. Aunque reconoció que algunas comunidades autónomas han ido reduciendo tipos y han acompañado mejor el desarrollo de nuevas modalidades, también advirtió de que todavía existen territorios donde se mantienen gravámenes muy altos, incluso por encima del 50% en determinados supuestos.
Desde su punto de vista, ese desequilibrio fiscal tiene un efecto directo sobre la competitividad. Henar defendió que cuando el tipo impositivo es demasiado alto, se reduce el margen operativo, se resiente la rentabilidad empresarial y se limita la capacidad del establecimiento para ofrecer una propuesta de juego más atractiva y sostenible en el tiempo. En otras palabras, una fiscalidad excesiva no solo afecta a la cuenta de resultados, sino también al dinamismo comercial del producto y a su fortaleza frente a otras ofertas de ocio y juego.
El presidente de CEJ sostuvo además que esta situación contrasta con la de otros juegos y con la de otros mercados donde las estructuras fiscales están más acompasadas con la realidad económica de la actividad. En su argumentación, defendió que el bingo presencial soporta en muchos casos una penalización superior a la que le correspondería si se atendiera a su función empresarial, su aportación al empleo y su capacidad de retorno social y económico.
Preguntado por el impacto concreto que esta presión fiscal tiene sobre la competitividad, Henar fue claro: cuando una comunidad mantiene tipos menos equilibrados, el negocio pierde atractivo para la inversión y se deterioran las condiciones para sostener la actividad a largo plazo. Y eso, según expuso, termina generando una consecuencia lógica: los inversores se desplazan hacia otros territorios donde el marco resulta más favorable y donde la empresa puede desarrollar su actividad con mayor estabilidad y mejores perspectivas.
Su intervención defendió también que la administración, si realmente quiere atraer inversión, empleo y continuidad empresarial, debe comprender mejor las particularidades de esta actividad. Henar insistió en que no basta con exigir al sector, sino que hace falta crear condiciones que permitan a las empresas operar con un mínimo de equilibrio económico y con capacidad para seguir evolucionando.
Conclusión: el mensaje de Fernando Henar en EXPOJOC fue rotundo. El bingo presencial ha resistido gracias a su capacidad de adaptación, pero sigue lastrado por una fiscalidad que, en muchos casos, considera desproporcionada. Para CEJ, la clave no está solo en innovar o incorporar nuevas modalidades, sino en corregir un marco tributario que sigue restando competitividad a uno de los segmentos históricos del juego presencial en España.
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