ENTREVISTA EXCLUSIVA
De convertir dióxido de carbono en ladrillos a generar energía en Nicaragua: la estrategia de PAF para ser Net-Zero en 2040
Ludvig Winberg, responsable de Comunicación Corporativa de Paf, cuenta a Infoplay por qué la compañía apuesta este año por dos proyectos tan distintos —convertir dióxido de carbono en material de construcción y generar electricidad desde el subsuelo—
Ludvig Winberg, responsable de Comunicación Corporativa de Paf, cuenta a Infoplay por qué la compañía ha elegido este año dos proyectos tan opuestos —capturar carbono para fabricar materiales de construcción en Inglaterra y generar electricidad desde el calor de la tierra en Nicaragua— y por qué, insiste, ninguno de los dos sustituye al verdadero reto: reducir sus propias emisiones.
¿Por qué ha elegido Paf apoyar este año dos proyectos climáticos tan distintos entre sí —la mineralización de carbono en Inglaterra y la energía geotérmica en Nicaragua?
Los dos proyectos reflejan una elección deliberada de apoyar distintos tipos de soluciones climáticas; nos gustan especialmente las iniciativas más novedosas, como la de Leeds. Su proceso de mineralización de carbono almacena CO? de forma permanente fijándolo en una forma mineral estable, mientras que el proyecto geotérmico de San Jacinto-Tizate, en Nicaragua, desplaza energía de origen fósil mediante una fuente renovable. Apoyar ambos significa respaldar tanto nuevos métodos de captura de carbono como una transición energética más amplia: dos cosas que el mundo necesita al mismo tiempo.
¿Cómo se integran estos proyectos en el objetivo a largo plazo de Paf de alcanzar el Net-Zero en 2040?
Estos proyectos no cuentan para nuestros propios objetivos de Net-Zero 2040; esos tienen que ver con la reducción de nuestras emisiones reales. Pero sí ayudan a impulsar la transición global.
Paf financia iniciativas climáticas equivalentes a nuestra huella medida desde 2017, y tenemos intención de seguir haciéndolo. La Science Based Targets initiative, que ha verificado nuestros objetivos de Net-Zero, no exige este tipo de financiación, pero recomienda que las empresas con recursos contribuyan. Lo hacemos porque supone una aportación real.
¿Qué criterios utiliza Paf para seleccionar proyectos climáticos y garantizar que su impacto ambiental sea creíble, medible y verificado de forma independiente?
Buscamos proyectos en los que el beneficio climático sea real, medible y duradero, y en los que el impacto pueda ser verificado por terceros en lugar de darse por sentado. No tenemos recursos para verificar los proyectos nosotros mismos, pero existen muchas organizaciones solventes que pueden ayudarnos con eso. Así, el proyecto geotérmico de Nicaragua está certificado bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) de la ONU, y el proyecto de Leeds está certificado por Puro.earth.
Paf está aportando financiación climática equivalente a su huella de carbono medida para 2025. ¿Qué importancia tiene combinar esta financiación con reducciones directas en las propias operaciones y cadena de valor de la compañía?
Es esencial, y lo diríamos aún con más contundencia: financiar sin reducir se quedaría sin sentido. El verdadero progreso está en reducir nuestras propias emisiones, y eso es lo que buscamos con nuestro objetivo Net-Zero 2040.
En 2025 redujimos nuestro impacto climático medido en un 14,2% respecto a 2024, en parte gracias a medidas concretas como el cambio a vehículos eléctricos, y en parte gracias a mejores datos de emisiones por parte de nuestros proveedores, que nos permiten calcular con mayor precisión. La financiación climática es un complemento valioso, pero el cambio real para nosotros está en las reducciones que hacemos nosotros mismos.
¿Qué avances concretos ha logrado ya Paf en la reducción de sus emisiones, y dónde quedan los mayores desafíos?
Históricamente se nos ha dado bien reducir las emisiones que controlamos directamente, como nuestros vehículos de empresa y todas nuestras oficinas. En comparación, hemos reducido más del 85% de esas emisiones desde 2016. Como ejemplo, nuestra sede central en Mariehamn es una casa pasiva con 742 paneles solares.
La parte más difícil, como para la mayoría de las empresas, está más adelante en la cadena de valor: las llamadas emisiones de Alcance 3, procedentes de proveedores y socios que no controlamos directamente. Reducirlas depende de trabajar con otros y requiere más tiempo, y ahí es donde permanecen los mayores desafíos.
¿Cree que iniciativas como estas pueden animar al conjunto de la industria del juego a adoptar compromisos ambientales más ambiciosos y transparentes?
Espero que sí. En comparación con muchas otras industrias, la del juego tiene una oportunidad realmente buena de destacar en materia de esfuerzos medioambientales. No somos una industria pesada como tal y tenemos los recursos para marcar la diferencia. Así que podemos llegar a destacar en mejoras ambientales, y quizás incluso ganar cierto reconocimiento positivo que a nuestra industria ciertamente le vendría bien.