Levi Pérez Carcedo (Universidad de Oviedo) abrió la sesión planteando la necesidad de equilibrar el coste y el beneficio social del juego a través de políticas públicas efectivas. Defendió que la utilidad del juego repercute en distintos niveles —económico, social y personal—, destacando su valor como fuente de empleo, recaudación y entretenimiento. Subrayó además la dificultad de medir ese beneficio, al tratarse de un valor hedónico ligado al placer de jugar.
Pérez introdujo el concepto de “Excedente del Jugador”, entendido como el punto en el que la satisfacción o valor de entretenimiento supera las pérdidas esperadas. Según estimaciones internacionales, este excedente alcanzaría un 12% en loterías, un 7% en casino y un 4% en apuestas deportivas, cifras que busca ahora adaptar al mercado español.
Por su parte, Juan Francisco Navas Pérez (Universidad Complutense de Madrid) presentó su estudio “Midiendo el daño derivado de apostar”, centrado en los instrumentos que permiten medir las consecuencias negativas del juego. Explicó que los daños no afectan solo al individuo, sino también a su entorno, y se manifiestan en múltiples niveles —financiero, familiar, psicológico, sanitario, cultural, laboral y legal—, con efectos que pueden prolongarse incluso tras superar el trastorno.
Defendió, además, que la prevención debe ir más allá de los casos graves y considerar también los impactos moderados y sutiles que las apuestas pueden tener en la sociedad.
El cierre correspondió a José Antonio Gómez Yáñez (Estudio de Sociología), quien enfatizó que los costes y beneficios sociales del juego trascienden al individuo. Apoyado en datos empíricos, señaló que únicamente el 0,022% de la población española entre 18 y 75 años está en tratamiento por trastorno del juego, y que el 85% de ellos ya presentaban otras adicciones previas. “Son personas con problemas con el juego, pero no por el juego”, afirmó.
Añadió que la tasa de juego problemático en España, situada en el 0,2%, se encuentra entre las más bajas del mundo, comparable a la de países como Holanda o Singapur. “Algo por lo que estar contentos y felices”, subrayó.
Para concluir, citó una frase de Edgar J. Hoover, exdirector del FBI: “El juego es un vicio maligno, corrompe a nuestros jóvenes y arruina la vida de nuestros adultos…”, para reflexionar sobre cómo ciertos discursos alarmistas siguen repitiéndose en la actualidad.
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