La mesa “Desafíos regulatorios: hacia una legislación moderna y adaptada al sector”, moderada por Yolanda Barqueros, reunió en EXPOJOC 2026 a Bernhard Teuchmann (NOVOMATIC Spain), José González (Luckia), Ana María Pérez (FEJBA (Grupo Ballesteros)) y Pedro García (Grupo Orenes). La conclusión fue clara: el sector pide seguridad jurídica, más colaboración con la Administración y un marco menos fragmentado entre comunidades autónomas.
La mesa que abrió las ponencias de EXPOJOC dejó un mensaje muy nítido para el conjunto de la industria: en España sí se puede innovar en juego, pero esa capacidad de innovación se ve condicionada por una normativa dispersa, por procesos administrativos poco ágiles y por una falta de armonización entre territorios que complica el desarrollo y la implantación de nuevos productos.
Uno de los argumentos centrales del debate fue que el mercado español ya ha demostrado, en la práctica, que su marco regulatorio permite evolucionar. Los ponentes pusieron como ejemplo la diversidad de tipologías de máquinas, sistemas, bonos, jackpots y funcionalidades que hoy conviven en el sector bajo un mismo paraguas normativo. Esa variedad, según se defendió en la mesa, demuestra que la regulación no ha bloqueado la creatividad empresarial, aunque sí necesita una actualización que elimine rigideces y aclare puntos que hoy siguen generando fricción.
Precisamente ahí apareció una de las grandes reclamaciones del encuentro: la fragmentación normativa entre comunidades autónomas. Durante la sesión se advirtió de que muchas innovaciones que pueden encajar y funcionar en un territorio encuentran después obstáculos, demoras o exigencias diferentes al intentar implantarse en otros. Esa dispersión, según se expuso, ralentiza la comercialización, retrasa la homologación de productos y resta eficacia al proceso innovador. El sector, por tanto, no está pidiendo ausencia de normas, sino una mayor armonía regulatoria que permita avanzar con más coherencia y menos duplicidades.
Otro de los bloques de la mesa se centró en la publicidad y la comunicación del sector privado. Los intervinientes defendieron que la publicidad no es solo una herramienta comercial, sino también una vía para explicar qué hace la industria, cómo protege al consumidor y qué diferencias existen entre la oferta regulada y otros modelos de juego. En ese punto se cuestionó que el juego privado siga operando con fuertes restricciones comunicativas mientras otros modelos o fórmulas con presencia pública mantienen una visibilidad mucho mayor. A juicio de varios ponentes, esta asimetría acaba invisibilizando al operador privado y alimentando una imagen distorsionada del sector ante la opinión pública.
La mesa también dejó una idea repetida en varias intervenciones: el sector necesita contar mejor quién es, qué controles aplica y qué mecanismos de protección ya tiene implantados. Los participantes defendieron que existe un trabajo real en materia de juego responsable, control de acceso, protección de menores y seguimiento del cumplimiento normativo, pero que esa realidad apenas consigue trasladarse a la sociedad. Según se señaló, los medios de comunicación tienden a amplificar los episodios más negativos, incluso cuando responden a casos muy minoritarios, mientras apenas se visibilizan los datos reales, los esfuerzos preventivos o las buenas prácticas desarrolladas por las empresas y los reguladores.
En esa misma línea, varios participantes insistieron en que el sector no debe hablar solo de “juego responsable”, sino también de juego saludable, seguro y controlado, apoyándose en datos, estudios y resultados. La tesis compartida fue que la inmensa mayoría de operadores que trabajan dentro de la ley tienen un interés directo en evitar cualquier práctica que perjudique al cliente, tanto por responsabilidad como por pura lógica empresarial. La idea se resumió de forma muy clara durante la mesa: si un cliente tiene un problema, el operador también tiene un problema.
La crítica más contundente llegó al abordar la diferencia de trato entre el operador legal y la oferta ilegal. En el debate se lamentó que, en ocasiones, la presión inspectora, reputacional y normativa recaiga sobre quienes cumplen, mientras el foco sobre quienes operan al margen de la ley sigue siendo insuficiente. Ese reproche se formuló con claridad: no tiene sentido vigilar solo a quien ya está dentro del sistema si no se combate con la misma intensidad a quien funciona fuera de él, sin controles y sin garantías.
En el tramo final de la mesa, la moderación pidió a los participantes una suerte de mensaje directo a reguladores y administraciones. Las respuestas giraron alrededor de tres peticiones muy concretas. La primera, legislar desde la evidencia y no desde el prejuicio, apoyándose en datos reales y en estudios solventes. La segunda, reforzar la colaboración entre reguladores y sector empresarial, abriendo más espacios de diálogo previo antes de modificar normas o introducir nuevos requisitos. Y la tercera, garantizar seguridad jurídica, evitando cambios bruscos en las reglas de juego que dificulten la inversión y generen incertidumbre sobre la recuperación de las apuestas empresariales.
La conclusión de esta mesa inaugural fue rotunda: el sector no rechaza la regulación, pero sí reclama una regulación más inteligente. Una regulación que proteja, que permita competir, que acompañe la innovación y que no siga penalizando al operador que actúa dentro de la ley. En EXPOJOC, la industria volvió a insistir en que el futuro pasa por encontrar un equilibrio real entre protección, competencia, innovación y seguridad jurídica.
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