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El Jackie Pot:
En un bar cualquiera...¡zas!,
la ONCE

 

   Bonito bodegón con botella de leche de plástico


Como últimamente no paro de viajar y corretear por esas ciudades de Dios, viendo a esos Presidentes de empresas y Directoras y Directores de Juego tan pintureros, amables y sabios, como no dejo de hacerlo, digo, me encuentro con cosas como estas.

Hace solo unos días, en un bar cualquiera camino de cualquier parte, vi esta maquinita tan fea, en un bar feo y un camarero, también, propietario, encantador...
JACQUELINE M.C. | MADRID

J., que se así se llama, me explicó al detalle todo de cómo y cuánto: cuánto ganaba a la semana con el maquinón que tiene en el bar (de una de nuestras empresas más cotizadas), con la venta del cupón, y lo que le sacaba a ese terminal de la ONCE tan espantoso de los que hay “8.000 ó 10.000” en toda España: “¡Pues claro! ¿Quieres poner uno o qué?”, me preguntó. “¡Sí sí, claro! Cuénteme”. Y abrí bien los ojos.

Continuó tan ufano: “Me lo vinieron a ofrecer y claro que sí! Está muy bien! Lo único que no me dejan vender es el Cupón. Pero de todo lo demás, tiene de todo. Rascas, no. Esos ya los tengo aparte”. “¿Y le juegan menos a la otra máquina”, pregunto. “Claro que no. Aquí juegan 6 eurillos y allí (señalando la máquina) juegan los que les gusta jugar... que yo a los chinos no les dejo porque están aquí hasta que sacan el premio. No tiene nada que ver aquella máquina con esto”.

Le doy 10 euros para que empiece a poner a funcionar la maquinita, compro de todo lo que ofrecía el terminal y me cuenta que si gano él me lo puede pagar hasta 200€, “si no, al banco”. Así, pasamos una horita en una conversación festiva donde J. estaba orgulloso de manejar tantas cosas en un lugar tan pequeño y sacarle tanto rédito a todo. Si hasta tenía un porra con los clientes, qué crack:



En el transcurso de la conversación, como el lugar era un mini bar, todos entraron al ajo y a jugar. Animados por la conversación, uno en el maquinón y otros al feo terminal, todos hombres y de mediana edad.

Y me fui tan contenta y pensado si será este el tipo de bar el que está desapareciendo. No sé. A mí en el Starbucks no me dan tanta conversación, ni son tan amables ni me echo tantos amigos de un tirón.



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