La negociación del convenio en la ONCE ha entrado en una nueva fase de máxima tensión.
CCOO-ONCE ha respondido con dureza a la nota difundida por UTO-UGT el pasado 3 de marzo y ha rechazado de plano las acusaciones de estar copiando propuestas ajenas. En su nota informativa de este 5 de marzo, el sindicato no solo niega esa acusación, sino que reivindica la autoría y el recorrido histórico de sus planteamientos en materias clave como la igualdad salarial, la jornada laboral y la regulación de los horarios.
El cruce de mensajes entre ambas organizaciones sindicales deja ver que el debate ya no gira únicamente en torno al contenido del futuro convenio, sino también alrededor del relato político de la negociación. CCOO-ONCE considera “sorprendente” que se le atribuya una supuesta copia de propuestas cuando, según sostiene, UTO-UGT no ha hecho públicas medidas concretas o solo las ha esbozado de manera parcial en la mesa. La respuesta no se queda en la descalificación política, sino que intenta marcar perfil propio y diferenciar con claridad las reivindicaciones que Comisiones Obreras dice defender desde hace años dentro de la organización.
Entre esas reivindicaciones, el sindicato sitúa en primer plano la eliminación de la doble escala salarial en la ONCE. CCOO-ONCE insiste en que debe aplicarse de una vez el principio de “a igual trabajo, igual salario”, una exigencia que presenta como una cuestión básica de justicia laboral y de coherencia interna. Con ello, el sindicato trata de colocar la discusión salarial en el centro de la negociación y de convertirla en uno de los elementos definitorios del nuevo convenio.
Otro de los grandes ejes de su posición es la jornada de trabajo. CCOO-ONCE cuestiona que siga existiendo una diferencia entre el Personal Vendedor y el Personal No Vendedor, que actualmente trabajan con jornadas distintas de 40 y 36 horas semanales, respectivamente. Frente a ese modelo, la organización plantea la implantación de una jornada de 35 horas para toda la plantilla. La reivindicación no es menor, porque afecta a uno de los asuntos más sensibles en cualquier negociación colectiva: la distribución del tiempo de trabajo y el equilibrio entre actividad, descanso y conciliación.
La nota también carga contra el amplio margen de maniobra que, a juicio del sindicato, mantiene actualmente la Dirección en materia de jornada y horarios. CCOO-ONCE considera imprescindible una regulación mucho más rigurosa de las condiciones laborales y rechaza que la empresa pueda modificar quincenalmente la jornada del Personal Vendedor, alterar libranzas o manejar los tiempos de trabajo sin garantías suficientes. Para la organización, los derechos de la plantilla no pueden depender de decisiones unilaterales ni quedar sometidos a una flexibilidad impuesta desde arriba.
Con esta posición, CCOO-ONCE busca trasladar que la discusión sobre el convenio no se limita a mejoras retributivas, sino que afecta de lleno a la arquitectura del poder dentro de la empresa. El sindicato plantea el proceso como una oportunidad para corregir desequilibrios históricos y para reforzar la seguridad jurídica y laboral de los trabajadores de la ONCE. En ese marco, su respuesta a UTO-UGT pretende también dejar claro que no está dispuesto a ceder espacio en el plano sindical ni en el de la comunicación ante la plantilla.
La organización aprovecha además el comunicado para reivindicar su manera de actuar en cada proceso electoral y negociador. CCOO-ONCE afirma que siempre ha hecho públicas sus plataformas de negociación y sus programas, en contraste con otros actores que, según denuncia, habrían optado durante años por no difundir previamente sus propuestas y presentar después como propios los avances pactados con la Dirección. Ese reproche añade una dimensión adicional al conflicto, porque apunta no solo al contenido de la negociación, sino también a la credibilidad y transparencia de cada sindicato ante los trabajadores.
El mensaje más político de la nota se dirige, sin embargo, a la Dirección General de la ONCE. CCOO-ONCE sostiene que la empresa se encuentra ante una “disyuntiva histórica”: prolongar una negociación estéril, marcada por la fricción y el inmovilismo, o abrir la puerta a una distribución más justa de la riqueza generada por la plantilla. Con esta formulación, el sindicato intenta elevar el alcance del debate y situarlo en términos de modelo laboral y de reparto del valor producido por los trabajadores.
La expectativa que transmite CCOO-ONCE es clara. Las medidas que pone sobre la mesa no deben interpretarse como concesiones extraordinarias, sino como el retorno legítimo al esfuerzo diario de quienes sostienen la actividad de la organización. Esa idea recorre toda la nota y refuerza el tono de confrontación con el que el sindicato ha querido contestar a las acusaciones de UTO-UGT.
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