En estos últimos días de este año doloroso, tenemos el placer de compartir con todos ustedes el último artículo de nuestro polítologo y abogado de referencia, Germán Gusano Serrano. Es un honor contar con su sabiduría, inteligencia, independencia y capacidad intelectual. Todos aprendemos ayudándonos a reflexionar.
Libertad deconstruida bajo espuma de responsabilidad
Despediremos este aciago año entre tristes recuerdos y tinieblas emocionales, con reuniones y brindis bajo la oportuna distancia de seguridad. Mismos controles de separación que algunos persiguen instaurar de forma perenne respecto al juego o, quizá, para el ejercicio de determinadas libertades. Sucedáneos que, por diferentes razones, aportan preocupación y sabor agridulce.
La libertad posmoderna es incapaz de proporcionar un apoyo firme desde la educación y la política actual se focaliza en plasmar recortes y prohibiciones en las normativas. Sin embargo y a pesar de los experimentos, la libertad civil de jugar sigue en pie, aunque tampoco sabemos por cuanto tiempo. Heidegger hablaba de “destrucción” y Freud de “disociación”, sin embargo, la “deconstrucción” está relacionada con los temblores y modificaciones que sufren los componentes de una estructura que, principalmente, desmontan su forma original.
Hoy, nuestra principal incógnita sanitaria se centra en los efectos preventivos respecto a la evolución de la(s) vacuna(s) en los diversos perfiles de salud de la población. Idéntica reflexión me sirve para aplicarla a normas, advertencias y controles sobre el juego de azar y sobre los que puedan generarse: sus resultados siempre dependerán de las circunstancias individuales. El impacto negativo nunca será cero y si lo fuese, daría igual, habría similares algaradas en contra de la actividad.
Existen grupos que pretenden un camino irrealizable con la invención de lo que no es posible: barajar un modelo que excluya lo perjudicial. Es la implacable búsqueda pública (y privada) de lo imposible, cuya realidad se sustenta precisamente en su imposibilidad, nutriéndose y alimentándose de ella misma continuamente. Los argumentos a favor del juego no acaban de desgranarse ni tampoco podemos pretender que los entienda el conjunto de la sociedad. La socialización no es uniforme y los entendimientos nunca podrán serlo.
Se está desafiando la comprensión tradicional de conceptos esenciales: por un lado, la libertad como posibilidad de elección y, por otro, la responsabilidad en la práctica del consumo decidido. La relación entre ambos implica una peculiar jerarquía, en el sentido de que la polarización del segundo acaba condicionando la amplitud del primero. Por supuesto, la constante dinámica en las decisiones y la infinidad de imputs presentes implica un riesgo ineludible: el descontrol. En base a este argumento, persiguen desbaratar el abanico de elecciones y mangonear al individuo en su esfera privada.
Uno de los rasgos esenciales que pueden deducirse de nuestro comportamiento, con matices entre las diferentes culturas, es el continuum responsabilidad-irresponsabilidad que va desde la autodisciplina, el compromiso y la prudencia en un extremo, hasta la negligencia, la desorganización y la desidia en el opuesto. No obstante, la irresponsabilidad constituye un accidente, un riesgo que le sucede a cada individuo en una menor proporción y por sus complejos procesos biológicos y sociales. La libertad siempre está contaminada por la intensidad de la responsabilidad pero, generalmente, cualquier acción desprende el suficiente aliño responsable.
Cualquier intención de mejora no se traduce necesariamente en un progreso individual ya que, con artimañas totalitarias, no se consigue alterar la innata propensión al riesgo y al placer de un consumidor. Zarandear los cauces privados de entretenimiento, legalmente estructurados, significa no comprender la normalidad y potenciar sin necesidad, interesada y artificialmente, otra “nueva normalidad” teñida de ilegalidad, debido al irrefrenable proceso cultural presente en una sociedad basada en el entretenimiento.
¿Cómo se evita que un consumidor se atiborre? La desinformación y un mal uso son los problemas esenciales y, por tanto, requiere fomentar la educación preventiva aunque, como es obvio, ni así puedan evitarse algunos impactos negativos. Solo hay una forma de eludir un riesgo: no involucrarse en un determinado acto. Si bien, esta sería la principal forma de ser aséptico vitalmente, actualmente es impensable, salvo que el individuo se robotice, realidad que tampoco descarto conforme avanzamos. La civilización del aburrimiento que podría escribir Vargas Llosa.
Se recomponen advertencias y controles transformando sus texturas, formas y temperaturas. La base de esta técnica es deformar y despreciar la sensatez adulta en el juego, traspasando líneas esenciales como pueden ser la autonomía, el aliciente del riesgo, el placer que aporta o las particulares características económicas a la hora de participar.
Los que “deconstruyen” afirman lo desconcertante del presente y pretenden plasmar una libertad cada vez más embutida justificada en los síntomas “parkinsonianos” y endebles de la responsabilidad personal. Desconocemos el punto óptimo para que las obligaciones empresariales no generen más costes que beneficios pero, indudablemente, las evidencias económicas siempre lo muestran, sin considerar su cuota en la involución social.
La tendencia que está plasmando este estilo deconstructivo en discursos y normativas persiguen instaurar corrientes estratégicas, intelectuales y políticas, para cuestionar el orden establecido. Las actuales bisagras políticas generan infinidad de atropellos y, rápidamente, emergen desastres y consecuencias irreparables. Toda lectura deconstructiva requiere del éxito de un sistema ideológico que mantenga implícita una forma determinada de desmontaje social y económico. Es este mecanismo transgresor el que les otorga precisamente el deseado carácter revolucionario al reinventar las estructuras institucionales, desplazar ciertos valores y recortar sus conceptos sociales. Esta pandemia está cobrándose muchas víctimas colaterales, caso de la libertad y la responsabilidad.
Germán Gusano Serrano
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