En plena vendimia, Bodegas Severino Sanz, situada en el corazón de la Ribera del Duero, reafirma su compromiso con la tradición y el cariño familiar que acompañan cada una de sus elaboraciones. Entre todas sus actividades, destaca la pasión con la que la familia elabora sus reconocidos vinos rosados, auténticos embajadores de frescura y carácter.
Lejos de ser un vino intermedio entre blanco y tinto, el rosado posee identidad propia. En Severino Sanz se obtiene mediante el método del sangrado o “saignée”, prensando suavemente las uvas tintas tras la vendimia y manteniendo el mosto en contacto con los hollejos durante unas pocas horas. Este breve periodo es suficiente para impregnar al vino de su delicado color y dotarlo de aromas y sabores únicos, antes de continuar la fermentación como si fuera un vino blanco.
El resultado son vinos frescos, aromáticos y llenos de personalidad, capaces de expresar la esencia de la uva tempranillo y la riqueza del terruño ribereño.
Curiosidades del vino rosado
Identidad propia: no es una mezcla de blanco y tinto, sino una categoría con tradición y carácter únicos.
Versatilidad: perfecto para acompañar desde ensaladas y arroces hasta carnes blancas.
Historia milenaria: ya en la Antigua Grecia se elaboraban vinos de este color.
Diversidad de estilos: desde tonos pálidos y ligeros hasta rosados intensos y estructurados.
Una interpretación con sello Ribera del Duero
El rosado de Bodegas Severino Sanz nace de viñedos familiares cuidadosamente seleccionados. Su objetivo es transmitir el alma de la tierra en cada copa: un vino aromático, elegante y lleno de matices, ideal tanto para maridar con la gastronomía local como para disfrutar en buena compañía.
En plena vendimia, la familia Sanz invita a descubrir este rosado con sello Ribera del Duero, una propuesta fresca, equilibrada y vibrante que promete sorprender en cada sorbo.
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