El Barómetro Hostelería Z revela que tres de cada cuatro jóvenes ven el sector como un trabajo de paso, aunque también identifica palancas claras para hacerlo más atractivo.
La hostelería española no logra hoy conectar de verdad con la Generación Z como opción laboral de largo recorrido. Así lo refleja el Barómetro Hostelería Z, una investigación que analiza la percepción de los jóvenes de entre 16 y 29 años sobre el trabajo en el sector y que concluye que la hostelería recibe una valoración de apenas 4,1 sobre 10 como sector empleador. Además, el 75% de los encuestados la percibe como un ámbito de tránsito hacia otros sectores y solo el 22% afirma que accedería a ella por vocación, frente al 78% que lo haría por necesidad.
El estudio, elaborado a partir de tres focus groups online y 501 encuestas realizadas a nivel nacional, confirma que la hostelería parte con una imagen más débil que otros ámbitos laborales como la sanidad, que obtiene un 5,2, o el retail, con un 5,1. Solo construcción, con un 3,7, y reparto, con un 3,5, quedan por detrás. En el imaginario joven, la hostelería aparece asociada a accesibilidad, relaciones humanas y trabajo puente, pero todavía lejos de ideas como prestigio, cualificación o estabilidad profesional.
El principal motivo de desconexión son las condiciones laborales. El 93% sitúa este factor como la gran barrera, con especial peso de los horarios, los salarios, los turnos partidos, la dificultad para conciliar y la inestabilidad. A ello se suma un segundo gran bloque de rechazo, la gestión emocional, señalado por el 72%, en un contexto en el que el estrés, la presión y la falta de acompañamiento por parte de superiores siguen marcando la experiencia percibida del trabajo hostelero. También aparecen como frenos el desarrollo de una carrera profesional, citado por el 41%, el prestigio y reputación del sector, con un 40%, la profesionalización, con un 32%, y la formación, con un 30%.
Pese a ese diagnóstico, el informe deja claro que la hostelería no está cerrada para los jóvenes, sino pendiente de reposicionamiento. De hecho, el 83% reconoce que se trata de un sector importante para la sociedad y el 73% considera que genera muchas oportunidades para las nuevas generaciones. Además, entre sus fortalezas emergen con claridad la dimensión humana y relacional, la creatividad, la innovación y su capacidad de actuar como vía de entrada al mercado laboral.
El barómetro identifica cuatro grandes vectores para transformar la imagen del empleo en hostelería: avanzar hacia la estabilidad, evolucionar hacia una especialización con valor diferencial, construir un proyecto profesional con propósito y futuro, y reforzar un entorno de pertenencia, apoyo y comunidad. Es decir, la clave no está solo en captar jóvenes, sino en ofrecerles un marco donde puedan imaginar continuidad, reconocimiento y desarrollo.
En esa línea, los jóvenes reclaman medidas muy concretas. El 87% considera importante conocer con más antelación horarios y turnos para poder planificar su vida personal. El 85% pide un mayor prestigio social para el sector y también un plan de objetivos más definido para los empleados. Otro 85% demanda formación en perfiles más específicos y el 88% cree importante que los trabajadores jóvenes tengan funciones más claras y definidas. A su vez, el 85% subraya la necesidad de mejorar la formación en habilidades como trabajo en equipo, relación con clientes o empatía, el 89% apuesta por reforzar la formación continua y el 86% reclama más formación en idiomas.
El informe también pone el foco en el papel del liderazgo. El 88% ve clave contar con tutores que orienten y enseñen, mientras que el 87% reclama que jefes y encargados sepan gestionar emocionalmente a los equipos en situaciones de estrés. La hostelería, concluye el estudio, tiene capacidad para generar talento, pero necesita hacer más visibles sus itinerarios de progreso, su especialización y su valor profesional si quiere dejar de ser percibida como un empleo temporal y convertirse en una opción de futuro para la Generación Z.
Por otro lado, el atractivo emocional del sector sigue muy vivo. El 78% de los jóvenes considera que la hostelería ofrece un trabajo dinámico y nada monótono, el 73% cree que en ella la creatividad está muy presente y el 67% se siente atraído por la hostelería que utiliza tecnología. A eso se añade un componente diferencial que pocos sectores pueden exhibir con la misma fuerza: el valor de lo humano. El 73% destaca que las relaciones entre personas siguen siendo esenciales, el 74% afirma que favorece la afinidad y el equipo entre trabajadores jóvenes y otro 73% valora positivamente la posibilidad de “hacer feliz a la gente” a través de la experiencia de cliente.
En definitiva, el Barómetro Hostelería Z lanza un mensaje nítido al sector: la Generación Z no rechaza la hostelería por completo, pero exige que deje de presentarse como un trabajo de paso y se convierta en una profesión con estabilidad, relato, especialización y futuro. Ahí, y no solo en la oferta de empleo, se jugará buena parte de su capacidad para atraer y retener talento en los próximos años.
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